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LAS ISLAS DE SANDAKAN

marzo 2, 2010 by  

Lankayan-island2A vista de pájaro no son más que una ínfima porción de arena sobre el mar de Sulú, cerca de los confines de Malaisia con Filipinas. Sin embargo, estos escasos metros de tierra representan uno de los lugares más fascinantes de Sabah, fundamentalmente por lo que albergan bajo su superficie y por sus invitadas especiales, las tortugas marinas.

EN BUSCA DEL ORIENTE DE BORNEO
Fotos de
Cristina Candel

Probablemente penséis que nos hemos equivocado con el título, pues Sandakan nos lleva inconscientemente a querer cambiar esa segunda «a» por una «o» y, ya de paso, ponerle tilde a la última vocal. El nombre de este personaje ha dado la vuelta al mundo y ha traspasado con éxito más de un siglo, alimentando el espíritu aventurero de muchas generaciones de niños y no tan niños. Y hace que lleguemos a Sandakan con mucha curiosidad. Nos trae a la memoria las aventuras de este héroe juvenil que Salgari creó sin necesidad de trasladarse a la zona, viajando desde las bibliotecas de Turín y de Verona hasta la lejana Malaisia, más remota aún por aquel entonces, a finales del siglo XIX. El autor italiano se inspiró en el claro exotismo de una tierra aún indómita, llena de Oriente pero también de Occidente, en una época colonialista en la que su protagonista no era el blanco sino el exótico, un hombre que se enfrentaba a sus enemigos y surcaba esos lejanos mares que hoy nos llevarán a nosotros hasta nuestro breve destino, que también parece sacado de una fabulosa novela. Esa desconocida Sandakan es pues sólo el punto de partida, y más concretamente el puerto de partida, pues por la ciudad apenas puede decirse que pasáramos. Como Sandokán, nos decantamos por el mar y ponemos rumbo hacia el noroeste.

Turtle-island16El mar de las tortugas
Selingan, Gulisan y Bakkungan Kecil son sus verdaderos nombres. Sin embargo, desde hace ya tiempo, a estas tres pequeñas islas se las conoce por el sobrenombre de islas Tortuga y sólo una de ellas, Selingan, recibe visitantes. Las tres forman parte de un parque nacional marino protegido y de acceso restringido por un doble motivo: para no alterar el ecosistema natural que alberga y por hallarse a pocas millas de la delicada frontera malaya con Filipinas, lo que se traduce en la presencia de una base militar permanente en las islas. Por eso, un destacamento de jovencísimos soldados vive en un extremo de Selingan y da la impresión de que fundamentalmente se dediquen a ver los días pasar y a echar partidos de fútbol al atardecer, cuando el sol ya no castiga. No parece que haya mucho más que hacer. Playa y tortugas, pero eso a ellos no les incumbe. Aquí es literalmente cierta la sensación de estar aislados: ni hay ni Internet ni cobertura para los móviles, tan sólo un hilito de señal en el embarcadero, donde se sientan los jóvenes soldados a probar suerte y mandar mensajes a sus familias y novias.

Por supuesto, al elevado número de tortugas —verde y carey— que frecuentan el lugar, estos detalles tecnológicos parecen no importarles lo más mínimo, y el enternecedor espectáculo de verlas salir del mar para desovar durante la noche es algo tan mágico que bien merece la pena el largo salto que hemos dado en el mapamundi para poder presenciarlo en primera persona. Estamos en la inmensidad del mar de Sulú, en un discreto hilo de arena en medio del mar que separa dos países, a unos 40 kilómetros hacia el norte de otra isla mucho mayor, la de Borneo, cuyo norte pertenece a Malaisia, bajo la forma de uno de sus estados: la paradisíaca Sabah.

Lankayan-island12Ecoturismo y arena
El concepto más extendido en esta expedición insular es el del ecoturismo y entiéndase como tal cabañas de madera, duchas a temperatura ambiente, ventiladores y hamacas; aunque para ser más precisos, en los cuartos destinados a dormir (el que busque romanticismo deberá esperar hasta la segunda parada: Lankayan) hay unos aparatos destinados a enfriarle a uno el alma a condición de salvaguardarle de la acción nefasta de los mosquitos, esos otros ilustres invitados de la isla. Pero insisto, este pequeño peaje no representa nada una vez que se presencia el ritual de las tortugas.

Cada noche da comienzo una nueva función, como si se tratase de un bucle que repite el mismo ritual sin pausa, pues aquí no se conocen estaciones. Literalmente decenas y decenas de enormes ejemplares surgen de las aguas, procedentes de destinos lejanos, y buscan escondrijo en la arena, con unos movimientos algo bruscos pero efectivos y contundentes. Cuando llegamos a la isla, creímos que las huellas plasmadas en la arena de las playas que la rodean eran marcas de algún vehículo… pero no, son el rastro dejado por los galápagos. Tal es el número de tortugas que hacen de estas islas su guarida reproductiva durante todo el año, que no resulta nada exagerado el haberles otorgado el honor de llevar el nombre de islas Tortuga.

tortugaNosotros, la misma noche que presenciamos atónitos la determinación de estos grandes ejemplares de tortuga hembra, pudimos adelantarnos en el tiempo los dos meses necesarios para poder ver a sus crías romper el caparazón y luchar por alcanzar la orilla de la playa. La explicación es sencilla. En la isla vive un experto y reducido número de «rángers», algo así como los nuevos Sandokanes del lugar, cuya misión es asistir a las tortugas, cada noche, y velar por la seguridad de sus futuras crías hasta que nazcan y partan hacia el mar. Así, cada noche, tras seguirlas indiscretamente hasta los lugares elegidos para desovar, estos «rángers» recolectan sus huevos –nos aseguran que cada tortuga pone entre 80 y 100– y los depositan en una especie de guardería infantil creada ad hoc, donde residirán ajenos a sus múltiples depredadores hasta que rompan la cáscara. Tardarán entre 10 y 20 años en alcanzar la madurez y de todas las que se adentren en el mar, sólo un pequeño porcentaje sobrevivirá a las difíciles pruebas que se les presentan en mar abierto. Es la dura vida de las tortugas marinas, de ahí la importancia de este santuario tortuguero.

Lankayan-island34Rumbo a Lankayan
A la mañana siguiente pusimos rumbo hacia otra minúscula porción de tierra paradisíaca. Y de nuevo a bordo de la lancha, crecía por momentos la sensación de estar perdidos en la inmensidad del océano. Por el camino nos cruzamos con algún pescador —a pesar de que esta práctica está estrictamente prohibida en la mayoría de los casos, pues aún estamos en los dominios de la reserva marina protegida—y con un par de patrullas de militares que «salvaguardan» las fronteras de ambos lados y velan por que estos «piratas» pescadores no acaben con los recursos. Cuando por fin divisamos tierra firme, lo primero que pudimos apreciar fue una elegante pasarela de madera que invitaba a adentrarnos en la isla y que dejaba entrever tímidamente unas cabañas camufladas entre la espesa vegetación: estábamos en Lankayan, un secreto a voces entre los amantes del submarinismo, un lugar que lo tiene todo y nada a la vez. Paz, luz, arena y azul.

A pesar de sus diminutas dimensiones, este banco de arena —tan fina y suave que se puede uno olvidar de las sandalias durante toda la estancia en Lankayan, aquí no hay etiqueta que valga— cuenta con una sorprendente vegetación de un verde exuberante, entre la que se ubican sus cabañas. Son casitas de madera, equipadas con todo lo que se puede necesitar en un sitio como éste: camas con dosel, espaciosos baños y aire acondicionado como único lujo moderno. Pero, sin duda, lo mejor de ellas son sus porches, convenientemente situados a cada lado de la construcción, de forma que desde uno se puede ver el amanecer mientras se desayuna y desde el otro, el rojo atardecer. Y siempre con el mar como telón de fondo. Aquí los monzones no castigan mucho y la isla no sufre apenas alteraciones ni cambios en las mareas.

Lankayan-island54El check-in se hace en una mesa situada bajo una gran palapa que es como la plaza central de la isla, pues en ella tienen lugar los principales actos sociales del día, a saber: desayunos, comidas y cenas. Y a pesar de estar en lo más remoto del mar, curiosamente éste es también el centro WI-FI de la isla; no hay que olvidar que estamos invisiblemente rodeados por radares y el control militar de las fronteras propicia el hecho de que afloren estas tecnologías, que le hacen sentir a uno conectado con el mundo a pesar de estar a más de 12.000 kilómetros de nuestra realidad. Bajo esta gran palapa que se abre hasta la orilla del mar, y que representa el epicentro de Lankayan, en las noches especiales se hacen barbacoas y quiénes se atreven con esa tremenda bebida alcohólica hecha a base de arroz, se lanzan sin miedo sobre una pista improvisada a interpretar los mejores éxitos de karaoke. Estamos en Asia y, a pesar de que hace ya unos años que todos vimos Lost in translation, el ejercicio de las cuerdas vocales no ha decaído en esta parte del mundo; el karaoke causa furor, es como un deporte nacional. Y por qué no, en Lankayan puede ser la guinda que ponga fin a una buena jornada de sol y playa. Es casi como un ejercicio antropológico, un ritual que los lugareños gustan compartir con los visitantes.

Fondos marinos
Otro capítulo fundamental es el hecho de ser o no ser buceador. A nuestra llegada, al registrarnos nos preguntaron si lo éramos, pues existen dos formas de hacer el check-in: como tales o como acompañantes, que es algo así como ser personajes secundarios, cuya principal misión durante su estancia queda relegada a disfrutar de paseos semicirculares por los contornos de la isla, tumbarse en una hamaca y, en definitiva, ser un náufrago de secano, que tampoco viene mal durante un par de días.

Los buceadores disponen de la opción de realizar hasta tres inmersiones organizadas cada día y numerosas propuestas para practicar snorkel, pues no hace falta profundizar demasiado para descubrir sus coloridos encantos. Nosotros sólo tuvimos tiempo para una inmersión y nos la jugamos con Ricky Rock, sugerente nombre que prometía corales, gorgonias, pequeños escualos, mil peces de colores y, con suerte, más tortugas. Aunque también hay otros recorridos que indagan en pecios reconvertidos en mansiones para peces. La vida marina es tan exuberante y diversa que es difícil tener mala suerte con una inmersión. Aquel día, a tan sólo 22 metros, pudimos ver un bosque de corales en torno a un pequeño cañón submarino repleto de actividad: peces león, estrellas de mar, peces payaso, cangrejos araña, morenas de increíbles colores, algún que otro tiburón de pequeño tamaño, peces mandíbula y otros de nombres aún más raros… no extraña que a Lankayan la cataloguen como una de las nuevas mecas internacionales del submarinismo. Estas pequeñas y hermosas pulau—islas— son uno de los rincones que merece la pena visitar en un viaje a Sabah.

Más información en la Oficina de Turismo de Sabah y en Turismo de Malaisia.

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2 Comentarios a “LAS ISLAS DE SANDAKAN”

  1. Joan el 5 febrero 2012, 10:42 pm

    Hola Marta, este verano vamos a Malasia y queremos pasar unos dias en estas increibles islas. Donde lo podemos reservar haciendo este tour? Nosotros queremos hacer una noche en Selingan + 2 noches en Lankayan

  2. Marta Copeiro el 10 febrero 2012, 8:49 pm

    Hola Joan,

    ¡te van a encantar! Yo te recomiendo que te informes en alguna agencia de viajes y por internet para saber con detalle cómo se organizan las salidas hacia las islas el próximo verano, pero mi recomendación es que compres el paquete una vez en Kuala Lumpur o en Sabah, te saldrá más conveniente (o por internet).

    Te dejo algunas webs útiles para que te pongas en contacto con las islas:
    http://www.pinganchorage.com.my/sabah_lankayan_island_dive.htm
    http://www.sabahtourism.com/en/destination/33-turtle-island-park/

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