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ESCENAS LISBOETAS

Mayo 8, 2010 by Marta Copeiro 

La capital portuguesa está tan cerca de nosotros que muchas veces pasa desapercibida. Este año cuenta con el honor de haber sido elegida por la asociación independiente de consumidores europeos como el “Mejor destino europeo 2010″, en base a su calidad de vida, sus infraestructuras y su cuidada oferta cultural y turística. A pesar de ello, Lisboa siempre guarda un halo de misterio, una pizca de timidez y un montón de sorpresas. Es hora de devolverle su protagonismo a través de un recorrido por algunos de sus lugares con más encanto. El resto corre a cuenta del lector: es un destino perfecto para una escapada.

ESCAPADA A LA CAPITAL LUSA

Fotos: M.C.

Tan cercana y tan distante a la vez, Lisboa mira hacia el Atlántico y parece recordar su pasado marinero, su época de grandeza y descubrimientos por mundos hasta entonces desconocidos…

Nos lo recuerdan casi a cada paso sus escenas y su arquitectura, con la Torre de Belén, el Monumento a los Descubrimientos y el Monasterio de los Jerónimos como máximos exponentes de este pasado. Hay un “algo” que envuelve toda la ciudad y destila un aroma nostálgico. Quizás una muestra palpable de este sentimiento sea lo que ellos denominan melódicamente, saudade. Es un estado de ánimo que aflora fácilmente cuando uno tiene la oportunidad de escuchar un buen fado en el barrio de Alfama. Son como suaves llantos que resbalan calle abajo en busca del Tajo y el océano abierto, donde fueron a parar muchos de los protagonistas de estas canciones. Una experiencia que permite conocer más a fondo el alma portuguesa y que conviene diluir en un buen Porto.

Pero Lisboa es mucho más que morriña. Está llena de color y movimiento. Sus tranvías tejen continuos viajes en los que se mezclan diversas épocas, repartidas entre sus siete colinas. Como apoyo, en esta ciudad siempre hay un mirador al que asomarse para respirar y ver el devenir de ese tiempo. Muchos de esos viajes a través de la ciudad también se pueden hacer en sus funiculares, como el de Gloria o el de Bica, que transporta muy despacio a los pasajeros hacia la zona alta o baja de la ciudad. Hay modernísimos locales que conviven junto a antiguas mercerías que parecen sacadas de un tiempo ya olvidado. Pero esta mezcla no resulta estridente, sino que se presenta como otra de sus señas de identidad.

En el centro, detrás de la Plaza del Comercio, las fachadas de los edificios lucen rejuvenecidas y las terrazas están animadas casi a cualquier hora, pues el clima en Lisboa es muy generoso. Uno de los mejores sitios para tomarse algo y disfrutar de excelentes vistas se encuentra en lo alto del Elevador de Santa Justa, que une el Barrio Alto con el de Baixa Pombalina. El nombre le viene del marqués de Pombal, pues él fue quién reconstruyó la zona tras el grave terremoto de 1755. Y, todo sea dicho de paso, no ha sido ni el único terremoto y ni la única cicatriz que le ha quedado a la ciudad. El intelectual y artístico barrio de Chiado sucumbió más recientemente a las llamas, en 1988, y ha debido ser reconstruido de nuevo.

Estas catástrofes, unidas al hecho de que por la ciudad hayan pasado romanos, visigodos, árabes y cristianos, hacen que Lisboa presuma hoy de varias caras. Y la mejor forma de contemplarlas en una única panorámica es desde lo alto del Castillo de San Jorge. Para lo que, de nuevo, es muy práctico recurrir al tranvía y atravesar de paso los barrios antiguos de Alfama, Castelo y Mouraria. Son de origen medieval y están compuestos principalmente por pequeñas viviendas y sinuosas –y algo despiadadas- calles en escalera. Pero todo acaba al llegar a la antigua fortificación y residencia de los monarcas portugueses. Allí la vista se libera de la sensación laberíntica y se pierde por toda la inmensidad de la ciudad, alcanzando hasta los confines donde el Tajo parece tocar el mar.

Tras un exhausto recorrido por su fisonomía, Lisboa le deja a uno la certeza de que las jornadas aquí no sólo siguen siendo ricas en saudade sino que también son muy intensas. De ahí la sugerencia de dejar para el final una cena en Eleven, uno de los restaurantes más solicitados de la capital -con una estrella Michelín-, y zanjar la visita alojándose en uno de los hoteles con más encanto, la antigua residencia privada del Conde de Valenças, el Lapa Palace. Y así, con un local de aires modernos y cocina contemporánea mediterránea, más un gran clásico en el que pasar las noches lisboetas, le damos a la escapada nuestro particular toque de antigua modernidad, binomio constante de esta ciudad.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
Lisboa es fácilmente accesible desde España por aire, por tren y por carretera. Existen varias líneas aéreas que conectan diferentes ciudades españolas con Lisboa, como la portuguesa TAP o la de bajo coste Vueling. En tren, Renfe une Madrid con Lisboa: desde la estación madrileña de Chamartín parte un tren-hotel todas las noches a las 22.25 que llega a la estación de Lisboa Santa Apolonia a las 7.41 de la mañana, realizando a la vuelta un trayecto similar. Y por carretera, desde Madrid hay unos 630 kilómetros siguiendo la autovía de Extremadura y enlazando con la autopista de peaje portuguesa que lleva hasta Lisboa.

Cuándo ir
Cualquier época es buena para escaparse unos días a Lisboa. Su clima es suave y moderado.

Alojamiento
Lapa Palace
Nada como un precioso palacio en lo alto de una de las colinas lisboetas para hacer inolvidable la visita a la capital portuguesa. Cuenta con una larga historia que se concentra en sus salones y 109 habitaciones, de las cuales 20 son suites y 89 guest rooms. En ellas le agasajan a uno con todos los servicios imaginables, prestando especial atención a los detalles y cortesías reservadas a sus huéspedes. Las estancias tienen vistas hacia el Tajo, hacia la ciudad o hacia su particular jardín, con piscina incluida. Fiel a su espíritu Orient Express, su restaurante es heredero del mítico Hotel Cipriano de Venecia, del que toma el nombre y muchas de las recetas servidas, ofreciendo una doble especialidad gastronómica: la portuguesa y la italiana.
También es famoso su Bar Rio Tejo por su variada carta de tés, los chás en portugués. Pero sus encantos no finalizan aquí, pues alberga uno de los mejores spas de Lisboa, con los exclusivos productos de La Prairie. Es un hotel histórico, lujoso, cómodo y muy romántico. Para una estancia se puede recurrir a sus múltiples paquetes, con opciones adaptadas para parejas, familias o viajes de negocios.
Rua do Pau de Bandeira, 4.
Tel: +351 21 394 94 01
www.lapa-palace.com
www.orient-express.com

SUGERENCIAS  DE VIAJE

- Un buen sitio para tomarse algo al atardecer es la terraza del Hotel Bairro Alto, en la Plaza de Luis de Camoes, 8.

- El Clube de Fado es el lugar perfecto para dejarse embriagar por los fados. Está en la Rua de S. João da Praça, 94, muy cerca de la catedral Sé.

- Para una apuesta por los sabores revisitados de Lisboa y el Mediterráneo, Eleven, situado en la Rua Marqués de Fronteira, jardín Amalia Rodrigues, 1070. Para degustar un buen pescado y marisco fresco, 5 Oceanos, junto al pnete del 25 de abril, en Doca de Santo Amaro, Armazém 12.

- Una especialidad que no se puede pasar por alto son los pasteles de Belém, dulces tartaletas de crema y hojaldre con un ligero toque de canela y azúcar glaseada. El mejor lugar para probarlos en la Antigua Confitería de Belém, muy cerca del Monasterio de los Jerónimos.

- Del 21 al 29 de mayo, Rock in Rio Lisboa, el mayor festival musical del mundo.

- De junio a julio tienen lugar las fiestas populares de Lisboa: animación callejera, música, teatro, festivales, encuentros gastronómicos. Descúbrelo en el centro histórico de la ciudad y en la Avenida da Libertade.

- Es fundamental llevar un calzado cómodo, resistente a las calzadas adoquinadas y las resbaladizas escaleras de sus colinas.

Más información
Oficina de Turismo de Lisboa


1 Comentario a “ESCENAS LISBOETAS”

  1. Sergio A. G. el 10 Mayo 2010, 9:54 am

    Vale la pena ir a Lisboa con el ánimo expansivo, pero dispuesto a dejarse imbuir por su saudade, su melancólica energía, su luz interminablemente oceánica y casi triste… A riesgo de pensar que uno no ha viajado en realidad a Lisboa, hay que visitar la ciudad y sus recovecos, sus infinitas escaleras, sus espacios oníricos y sus vetustas piedras dejándose llevar por una sola certidumbre, la de que no será la última visita porque Lisboa, aunque lo parece, no es un sueño.

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